Referentes Clásicos

En este blog se publican los trabajos de los alumnos que cursan la asignatura Referentes clásicos de las manifestaciones culturales modernas en el IES Misteri d'Elx durante el curso 2014-15

domingo, 22 de mayo de 2016

Lo dionisíaco y lo apolíneo en el arte

Rimbaud consagró vida y obra a convertirse en el poeta definitivo, superior a la vida misma, a transformarse en definitiva en un dioniso de la poética. Como dijo Baudelaire la misión de su obra era “hacer el mal y sobre todo, ser consciente de ello”. De igual forma Rimbaud se sostiene en el Mal (en mayúscula, como potencia absoluta) para trascender en la vida virando hacia el lado salvaje, el dionisíaco, el “supranatural” del que hablaba el poeta que según él era “mi único Dios”. Y para esta causa se transforma de forma racional en un ser maldito y bohemio, mano derecha del demonio, el verdadero instructor del arte.
En este aspecto la esencia se basa en la fijación de vértigo. Con esto se refiere al título “Iluminaciones” y en realidad alude al rito dionisiaco y al culmen de la tragedia greiga cuando el espectador llegaba al éxtasis o al “vértigo”; al punto trascendente de la vida, el momento exacto en el que se pasa de la razón al estado dionisiaco de la naturaleza: el surrealismo,; una realidad superior en la que se muestra todo en el fondo de su existencia tal cual es (inspirado por Baudelaire y Swedenborg (autor de las correspondencias) en Platón).
Es en ese instante cuando se crea el símbolo, la imagen universal e imperecedera, cuando se llega por fin, como los chamanes, a la iluminación y se convierte en vidente. Como explica Nietzsche el proceso para alcanzarlo es la locura, la música, las  drogas, la embriaguez caer en una actitud salvaje, como la que profesaba Rimbaud pero jamás se intenta reprimir porque se podría convierte en una condena existencial (la náusea de la que hablan Camus o Sartre).
Como ejemplificaba el alemán en el comienzo de “El nacimiento de la tragedia” con el cuadro “La transfiguración” de Rafael, el éxtasis, ese vértigo rimbaudiano, es el poder dionisiaco; sin embargo, la aparición de la imagen revelada, de la iluminación en forma figurativa es puramente apolíneo; y Rimabud habla de “fijar”, por tanto, se refiere a plasmar esa aparición mística en un poema, que solo puede ser mediante la alquimia de un nuevo verbo de forma consciente e intelectual en realidad.

En conclusión, Rimabud, como el poeta supremo, como el superhombre, como hizo Baudelaire, se afirma tanto en lo dionisiaco como en lo apolíneo. 

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