Referentes Clásicos

En este blog se publican los trabajos de los alumnos que cursan la asignatura Referentes clásicos de las manifestaciones culturales modernas en el IES Misteri d'Elx durante el curso 2009-10

miércoles 18 de noviembre de 2009

PROMETEO EN EL SIGLO XXI

Damos ya por finalizado el  tema de la Cosmogonía y pasamos a nuestro amigo Prometeo. Como ya os he explicado, tenéis que escribir un texto (relato, poema o ensayo) en el que adaptéis la leyenda del viejo titán al siglo XXI. Podéis inspiraros también en el personaje de Frankenstein, que como hemos visto a propósito de la película de Kenneth Branagh, está basado en el mito clásico. Algunos me habéis comentado que este mito no os "motiva" ni os inspira demasiado, así que para animaros os copio tres poemas muy breves que escribieron los alumnos de Referentes Clásicos de hace dos años. Espero que os gusten.





Si quieres, por fin, dejar de ser
una mansa carroña con los ojos abiertos,
roba otra vez el fuego, Prometeo, 
a esos nuevos dioses insolentes
y perdónalos porque no saben lo que hacen.
Medusa

Requiem



Erguido, hierático, impotente.
Aquí, ante el negro monte de la desgracia,
de entre el denso aire que auspicia la muerte
y golpeando nuestra piel y conciencia,
una melancólica y quejumbrosa voz se discierne.
¡Se me ha helado el alma como a Platón por injusta condena!
Llueve silencio… la luna, álgida en el cielo, riela.
Lloro por aquél a quien la sangre y la piedra entierren,
canto por quien la justicia por lo adusto condena:
Réquiem.
Daniel Utzinger
῞Ηλιος

Dame fuego




Cuenta la leyenda que el titán Prometeo
robó el fuego a los dioses,
lo bajó desde el Olimpo
oculto en un extraño tallo incandescente
y lo entregó a los mortales, sus amigos.
De aquel regalo los hombres obtuvieron
-junto a un discreto placer inofensivo-
una mayor aptitud para el trato social.
A Prometeo, en cambio, Zeus lo castigó
con un cáncer de hígado.

Palinuro


martes 17 de noviembre de 2009

Tiempo y Espacio, el sentido de la existencia


A diferencia de la mayoría de pintores, que visualizan el cuadro en blanco y después van añadiendo elementos hasta formar una escena, la historia de la creación de nuestro mundo tiene su origen en un lienzo negro, cuyo nombre era Raum, la sombra eterna de proporciones colosales o Dios del Espacio.

Un día, el Pintor decidió dar dos pinceladas de color a la deidad. Eran el Dios del Tiempo, Uróboros y la Diosa de la Luz, Suzaku. El primero tenía la apariencia de una sierpe alada y la segunda, un fénix escarlata, había nacido para equilibrar la composición de la obra, pues contrarrestaba la oscuridad de Raum.

Fruto de su armoniosa unión con el Dios del Espacio, Suzaku puso huevos sobre su amado. Poco a poco fueron naciendo los polluelos de forma redondeada, a los que llamó “soles”.
Pero nuestro artista quiso darle dramatismo a la pintura. Tiñó a Uróboros con su verde más vistoso para dotarle de envidia, que le llevó a devorar a los polluelos que ya habían nacido y los huevos sin eclosionar. Sin embargo, la rojiza ira mezclada con una gran cantidad de violeta gula, hicieron que engullera a Suzaku y a Raum también. Era tal el apetito que le había otorgado, que no paró hasta haberse comido su propia cola.
Su cuerpo acabó convertido en una circunferencia que el autor se esmeró en dibujar a la perfección.

Esta es la historia de cómo “espacio” y “tiempo” quedaron ligados en un infinito ciclo de creación, desarrollo y destrucción. Mucho tiempo después, los huevos del fénix rojo fueron llamados planetas y el amor magnético que sentían las crías por sus hermanos les unió en sistemas solares.

Al tener un lugar, un momento para empezar y otro para acabar, la existencia cobró sentido y no tardaron en surgir nuevas e imaginativas formas de vida...

miércoles 11 de noviembre de 2009

El sueño de Ardnas



Podría afirmar que el origen del universo radica en un abismo helado. Un abismo frío sin ningún tipo de vida. Pero cierto día, dicho abismo, por arte de magia se evaporó apareciendo en su lugar una hermosa y deslumbrante diosa llamada Ardnas y a su lado un altivo y espectacular caballo llamado Sineg.

Un día, Ardnas, se quedó durmiendo y se levantó sobresaltada con la cara empapada en sudor, pues había tenido una horrible pesadilla en la que una misteriosa voz profetizaba que cinco hermosos jóvenes de rostros angelicales la iban a asesinar.

De las gotas de sudor de Ardnas, nacieron diversos dioses -hermosos todos ellos- y también creó a los hombres y éstos se hallaban en sus senos. Muchos eran biznietos de Leinard, como Olaznog, Osej, Oblap, Noj y Leumas.

Queriendo escapar de aquel destino que le profetizó aquella misteriosa voz en su espantoso sueño, le pidió a Sineg que se arrancara su ojo derecho para liberar a Leinard, que era el antepasado de todos los dioses, para ver si él, que era todopoderoso, podría salvarla.

Una vez fuera del ojo de Sineg, Leinard le dijo a Ardnas lo siguiente:

-Sois tan hermosa como esperaba, pero me temo que nada puedo hacer con respecto a esa profecía. Sin embargo, puedo mantenerte oculta bajo mis largos y rizados cabellos hasta que dichos jóvenes lleguen.

-¿No pensaréis que me voy a esconder en un lugar tan oscuro, verdad?-dijo en un tono lleno de prepotencia y orgullo.

-La decisión es tuya, Ardnas. Siento no poder hacer nada más. Pero quiero pedirte mis más sinceras disculpas por no poder salvarte. La verdad es que es muy triste el no poder escapar del destino, ¿no crees?

-Así es. Me temo que tendré que aceptarlo con resignación.-dijo angustiada.

Tras acabar de hablar con Leinard, Ardnas se fue cabizbaja y por una extraña casualidad, aparecieron cuatro jóvenes hermosos y con caras angelicales. Eran los biznietos de Leinard; Olaznog, Osej, Oblap, Noj y Leumas.

Al verlos, Ardnas se quedó paralizada y, sin previo aviso, los cinco le dieron muerte sin ninguna contemplación. La profecía se había cumplido.

Con los ojos de Ardnas, crearon el cielo, con su cuerpo la tierra, con su sangre mares y océanos y con sus cabellos, bosques y montañas.

Al finalizar el trabajo, los cinco dioses, depositaron a los hombres en la tierra dejándolos a su libre albedrío pero con la condición de que debían ofrecerles sacrificios para honrarlos.

Y así convivieron dioses y hombres durante siglos y siglos, cada uno manteniendo su promesa.

COSMOGONÍA




Ella bastaba para llenar el mundo, no precisaba a nadie más con quien compartirlo. Sus ojos le proporcionaban la luz con la que iluminaba todo a su alrededor, su voz era una suave melodía que armonizaba el espacio, su cuerpo, a menudo cambiante, representaba para ella el paso del tiempo, y su respiración, pausada y regular, marcaba el ritmo de su existencia.

Areté no conocía el dolor, ni la angustia, pero tampoco estaba capacitada para disfrutar de la alegría o el amor. Simplemente, se limitaba a existir.

Un día, no podemos precisar cuándo puesto que no existía el tiempo tal y como lo conocemos ahora, este ser, que en nuestra imaginación se asemejaría a una especie de ninfa, pasó tanto tiempo con los ojos clavados en el vacío, que debido a la intensidad de la luz que irradiaban sus pupilas, provocó un inmenso fuego. Su sorpresa fue tan grande que de forma instintiva comenzaronn a brotar lágrimas de sus ojos.Nunca le había ocurrido esto antes, así que no hizo nada para detener el llanto, de tal manera que llegó un momento en que sus lágrimas comenzaron a formar arroyos, lagos e incluso grandes ríos. Por supuesto, de esta forma, Areté logró apagar las llamas.

Una vez extinguido el fuego, un insoportable calor abrumó a la ninfa y, para mitigarlo, empezó a soplar. Su aliento fresco se hizo cada vez más potente y al cabo de un rato (de nuevo es imposible matizar cuánto tiempo después) una brisa considerable surgió de su boca. No sólo el agua y el fuego, también el viento había nacido de su cuerpo.

Por otra parte el mismo ambiente cálido produjo un líquido, emergente de los poros de su piel, que se expandió por el ambiente.Al solidificarse su sudor, se formaron poco a poco las diferentes capas que forman la Tierra.

Tales cambios, sin embargo, fueron demasiado violentos y, Areté no pudo resistirlos. Una vez que su cuerpo, pasó a formar parte de lo que hoy conocemos como el mundo, fue debilitándose lentamente hasta acabar desapareciendo. Aunque, por alguna extraña razón, su corazón siguió latiendo; de hecho, lo sigue haciendo todavía en algún lugar del Universo, y es él el que, con sus latidos monótonos e inalterables, da el impulso en cada momento para que pueda continuar la vida sobre la Tierra.

domingo 1 de noviembre de 2009

En mi mundo los helados son de chocolate.


En mi mundo los helados son de chocolate, el cielo azul y el panadero te da los buenos días.
En mi mundo los domingos son el mejor día de la semana, a excepción de los lunes.
En mi mundo los semáforos son de color verde, el perro del vecino no te ladra y su dueño te ofrece siempre su mejor sonrisa.
En mi mundo la gente recicla, va en bici y usa energía renovable.
En mi mundo no se reservan gradas de un estadio de fútbol para cabezas rapadas.
En mi mundo la gente no mata por estar dentro o fuera de una frontera.
En mi mundo no existen los desengaños que te dejan hecho polvo.
En mi mundo los gobernantes no llevan bigote; más que nada, porque no hay quien gobierne.
En mi mundo cuando la gente muere es una pena pero no una desgracia, ya que dejan sitio para una nueva vida.
En mi mundo cuando alguien te pregunta “cómo estás” lo dice sinceramente y no lo utilizan jamás de frase comodín.
En mi mundo "paz" no significa periodo de calma entre dos guerras.
En mi mundo la primera vez es en verano y amaneciendo.
En mi mundo a la gente no le importa si tú estás con Fulano o Mengano.
En mi mundo los helados son de chocolate, el cielo azul y el panadero de enfrente de tu casa está teniendo el mejor día de su vida.
Mi mundo no existe y no se quién lo creará, pero te puedo decir que tu mundo lo crearon unos señores con maletín, traje y corbata que no me gustan nada.
Εὕρηκα.

Relato atemporal

"Todo lo que podemos decidir es qué haremos con el tiempo que nos dieron"

De El Señor de los Anillos, J.R.R. Tolkien.




En un principio fue la Nada, y de ella surgió el Tiempo. Al despertar, Tiempo sólo vio oscuridad, habitaba en su madre, que era negra como ella solo puede serlo. No es nada pero a la vez es todo, ya que todo lo que ahora es, algún día no será nada. La cuestión es que Tiempo fue creciendo y madurando, si es que el tiempo puede crecer o madurar.

Un buen día, Tiempo vio cómo de su madre surgían formas. Pensaba que la obra era sólo de ella, no sabía que sin él no podían desarrollarse. Al principio Nada hizo una gran mole de sustancias juntas y compactas, de forma esférica. De esa gran mole salieron otras sustancias más blandas, únicas y diferentes entre ellas. Eran figuras humanoides, bellas figuras inmóviles. Todo estaba en silencio, las formas estaban quietas, Tiempo aun no había extendido su influencia totalmente. Entonces Nada le dijo a su hijo:

-Tiempo, tú fuiste el primero en nacer porque tu misión es muy importante. He hecho aparecer esa materia y esos seres en parte gracias a tí, porque tú eres el que tiene el poder, a partir de ahora, de controlarlo todo, pero deberás estar en ese lugar siempre para que ellos puedan moverse, progresar y, al final, volver a mí.
Tiempo, curioso y emocionado por la misión que le había encomendado su madre, fue al lugar y vio que de repente todos los entes quietos se movían desde el instante en que se extendió su efecto. Observó que así eran más bellos todavía. Su paso por ese lugar hizo que los seres progresaran, cambiaran, evolucionaran, se mezclaran entre ellos y que después desaparecieran.

Al principio se sintió satisfecho. Esa primera civilización avanzó pronto gracias a él. Pero poco a poco su entusiasmo fue decayendo. Se sentía solo y agotado. Nadie lo veía, aunque sí lo notaban. Algunos lo odiaban por arrebatarles a sus seres más queridos, no sabían que él se limitaba a cumplir con su cometido. Otros lo querían y pensaban que cada momento que les daba era maravilloso.

En nuestras medidas temporales se podría decir que pasaron años, décadas, siglos y milenios. En la medida de Tiempo sólo se puede decir que su vida fue pasando. El Primer lugar se desarrolló al máximo. Tiempo se aburría, ahora todo era igual y la belleza del sitio y las gentes había decaído. Las criaturas habían olvidado su origen y, cada vez más, intentaban eludir a Tiempo. La bondad que en los inicios había estado tan presente aparecía ahora deformada, ya no era tan pura.

Entonces ocurrió algo inesperado que cambió el rumbo de los acontecimientos en el Primer lugar. Los nativos intentaron expulsar a Tiempo de sus vidas para no envejecer y así no volver a la Nada, su creadora. Estaban tan desarrollados que habían inventado un sistema de detección y destrucción de entes inmateriales, y atraparon a Tiempo. Al principio éste sintió que las fuerzas le rehuían. Lentamente fueron acabando con él, el instinto de supervivencia los empujaban a hacerlo desaparecer. Pero olvidaban que el ente, si tenía esencia y existencia, también tenía ese instinto. Tampoco sabían que si él desaparecía ellos no volverían a moverse jamás. Sacando fuerzas de flaqueza Tiempo llamó desesperado a su madre para que lo salvase de su propia creación. Nada corrió alertada por la angustia de su hijo. Cuando las gentes del Primer lugar comprendieron lo que sucedía fue demasiado tarde para ellos.

Nada irrumpió en el Primer lugar y lo destrozó todo. Éste explotó y se expandió, los pedazos eran restos mezclados de Tiempo y de los primeros habitantes. Los fragmentos viajaron y viajaron y tomaron formas esféricas. Cada fracción del primer universo formó los planetas, estrellas y demás cuerpos del segundo. Cada habitante se convirtió en la vida de esos nuevos sitios. Como Tiempo estalló con ellos, una parte de él quedó en cada nuevo lugar. De ahí que el Tiempo esté en todos lados a la vez y que sea inexorable. Sólo nos queda aceptarlo en nuestra vida pues es él quien nos la da y es él quien nos la quita y si se intenta detenerlo la catástrofe que generará este acto no será pequeña. Su madre volverá, no lo dudéis ni un instante, y lo perderemos todo.
Ártemis

Laberinto



Tras llegar al laberinto Ariadna entregó a Teseo un ovillo para no perderse y una espada para acabar con el minotauro. Ella le dijo que sostendría el extremo del ovillo para que pudiera volver. Después de recibir los regalos, Teseo se adentró en el laberinto; por las paredes aun había  manchas de sangre de los anteriores sacrificios, pero no había rastro de los cuerpos.
Sin que Teseo se diera cuenta, Ariadna se adentró tras él siguiendo el extremo que ella sostenía. El camino que recorrió fue muy largo y en un momento dado vio que el otro extremo del ovillo estaba tirado en el suelo y junto a él la espada que le había dado al joven. Manchas de sangre teñían las paredes y el suelo, pero no había rastro de Teseo ni del minotauro. Inesperadamente se oyeron unos terribles pasos acercándose a la posición de Ariadna.
Teseo estaba herido tras la embestida del minotauro y había perdido su arma para defenderse y el ovillo para regresar. Sin esperanza, comenzó a correr por el laberinto hasta que se encontró con el monstruo agazapado y distraído, y aprovechó ese momento para abalanzarse sobre él e intentar estrangularlo. Pero era demasiada la sangre que había perdido y  la bestia fácilmente se deshizo de él.
Ariadna avanzaba con cautela hasta que los gritos y rugidos la hicieron parar en seco. Cuando el griterío cesó, reanudó la marcha sosteniendo firmemente la espada y tras unos pocos minutos se encontró con el minotauro alimentándose de una víctima a la que no podía reconocer. La escena era espeluznante pero consiguió armarse de suficiente valor para clavarle la espada en el cuello a la bestia. Después de unos lamentos terroríficos, el minotauro murió, cayendo desplomado sobre los despojos de su anterior víctima.
Al perder el ovillo y adentrarse inconscientemente, Ariadna vagó a través del laberinto días y días sin poder encontrar la salida. Algunas veces volvía a tropezarse con el cuerpo sin vida del minotauro pero nunca hallaba la salida.
El rey Egeo, padre de Teseo, siguió enviando jóvenes al ver que su hijo no había vuelto del viaje y lo dio por muerto. Las nuevas víctimas para el ya inexistente minotauro acababan enloqueciendo tras años encerrados sin poder encontrar la salida. En cuanto a Ariadna, nadie volvió a saber nunca de ella .

miércoles 21 de octubre de 2009

NeoAsterión





Ahí estaba Asterión, inmensamente feliz, preparando café para empezar fuerte la jornada. El médico le había recomendado tomar más leche pero él prefería el café con doble de miel, le encantaba la miel. Asterión vive ahora en una ciudad costera llamada Benidorm (Beniyork para los más modernos). Pese a que su origen no era español, la fonética española no le costaba nada (cosa que siempre agradeció) y además esto le servía para reírse de su familia; me explico: Asterión y su prima de Atenas, a la que hacía siglos que no veía, se encuentran de pronto:
-Hola Asterión, ¿cómo estás?
-Muy bien prima, ¿y tú?
-Pues aquí andamos… oye, ¿qué te iba a decir? ¡Ah, sí! ¿Sigues viviendo en esa ciudad?
-¿Cúal prima?, no sé de qué me hablas (mentira: quería ver como pronunciaba el nombre de la ciudad para reirse un rato.)
-Sí hombre, Vemidgorn.
-¡Ah!, tú te refieres a -Aquí, Asterión se esforzaba al máximo. Abría bien la boca y acariciaba cada palabra hasta que veía que no podía alargarla más, sólo para ver la cara de envidia de su prima que sabía que era totalmente incapaz de pronunciarla bien.-Benidoormm.
-Adiós Asteríon, veo que sigues igual de pedante que siempre.
-Adiós prima, veo que sigues igual de ignorante que siempre.
Asterión antaño vivía en un laberinto dejado de la mano de Zeus, según él demasiado oscuro, pero se tuvo que marchar por la avalancha de turistas que iban a la isla para ver el famoso " laberinto del minotauro" que se hizo más famoso todavía cuando un tal Jorge Luís Borges publicó: " La casa de Asterión", donde reanimaba el mito del minotauro. A Asterión, tataranieto de Asterión (el del mito) no le gustaba nada el mito, porque ponían a su abuelo ( no pongo los"tata" porque me parecen incómodos de leer) como un carnicero. Lo que realmente sucedía era que los jóvenes se morían por el fuerte olor que desprendía éste. ¿Cómo no se iban a morir esos jóvenes viviendo con un tipo que tenía la cabeza de un toro y el cuerpo de un hombre?, ¡y sin ningún tipo de ventilación! Así que se tuvo que ir.
Cuando Asterión llegó a Benidorm, pidió trabajo en la atracción de Terra Mítica "El laberinto del minotauro", -"qué ingenioso"-, decía siempre que lo veía dando un pequeño suspiro y un inapreciable giro de cabeza negando. Le dieron el puesto enseguida, ¿cómo se iban a negar a alguien que iba a la entrevista ya disfrazado? Disfraz, por otra parte, hiperrealista.
Asterión tiene una casita cerca del parque de atracciones con unos enormes ventanales. Trabaja realmente bien en esa atracción que poco, o nada, se parece a la original. Le encanta su rutina, su casa, su trabajo... además, hace cosa de dos meses que sale con una vaca de Getxo que conoció via Facebook. Está en la cima de la felicidad.
Así, que sin más, siguió preparando café, con doble de miel, para empezar fuerte la jornada.

domingo 18 de octubre de 2009

Minotauro



Por donde mire
hallo encrucijadas
y anchos pasillos por los que corro
sin miedo ni temor.
Siento que soy libre
pero a la vez  prisionero
y por ello mi corazón esta sumido
en una soledad angustiosa
que apenas puedo explicar.
Deseo morir y con ello
perder toda mi esencia.
¿Por qué estoy en este inhóspito lugar?
¿Por qué estoy bajo este aislamiento,
día tras día,
noche tras noche?
¿Tan horrible y temible es mi aspecto?
¿A caso fui yo el que eligió
nacer con este físico?
Si no fue así,
¿por qué los dioses me están condenando
a llevar esta cadena perpetua
que me ahoga
cada vez más y más?
Y no obstante, a pesar de mi sufrimiento,
presiento que mi existencia en este mundo
 terminará a manos de un misterioso joven,
cuando los primeros rayos del sol
 rocen mi cuerpo
y al alzar mi vacía mirada
hacia el cielo
pueda decir sin vacilar:

¡POR FIN SOY LIBRE!

sábado 17 de octubre de 2009

Ni hombre, ni animal

¿Mi nombre?
Desterrado al olvido. Un tabú fuertemente arraigado.
¿No me entendéis?
Soy aquel al que repudiaron los humanos. Soy aquel del que renegaron los animales.
No existía sociedad alguna para mí y eso me condujo a construirme una, de la que soy monarca absoluto.
Es mi morada, mi refugio.
Aquí nadie me falta al respeto.
Ya no tengo que preocuparme por mi apariencia,
ni por las miradas insidiosas que antaño me apuñalaban.
Mi familia intenta convencerme y cada año, envía a catorce jóvenes para hacerme salir.
No los quiero aquí. ¡Que nadie entre en mi hogar!
Los mato.
Nadie sale vivo.
Devoro sus cuerpos hasta llegar al blanco hueso.
Y sigo sin comprenderlo... ¿por qué no captan el mensaje?
A veces, me pesa la respiración
y un profundo dolor me atraviesa
desde las profundidades de mi pecho.
Me pregunto si yo, caprichoso engendro de la naturaleza,
poseo un corazón.
Si así fuera, lo único que allí reside sería la soledad,
mi única amiga,
que permanece a mi lado cuando los demás me humillan.
Todas las noches, todos los días,
anhelo el final de la tortura de llevar una existencia tan vacía y siniestra
que hace palidecer incluso
a las noches más oscuras.

martes 6 de octubre de 2009

Laberinto, otra perspectiva



Vivo aquí a causa del rechazo. Nunca nadie me ha querido. Desde el dia en que nací he sufrido constantemente el desprecio de la gente, el desprecio humano (una parte de mi ser), y a la vez el miedo que inspiro a los animales (mi otra mitad).
Mi madre no me quiso, me echó de su lado, y ningún recuerdo guardo sobre ella. A mi padre ni lo conozco.
Sobre el exterior todo lo ignoro pues al asomarme un poco por la puerta de este indescifrable lugar sólo veo gente, huyendo algunos, mirándome con desprecio y repugnancia otros. Gritan “monstruo” pero yo no sé que tengo de aquello. Su odio me duele, para mí no hay más monstruos que ellos. Nunca he hecho daño a nadie que no fuera a atacarme antes, porque todo el que viene aquí es para eso, para derramar mi sangre. A veces deseo que lo hagan, que me liberen de mi inmenso dolor, del rechazo al que estoy sometido desde el día de mi alumbramiento, pero el deseo de vivir persiste, pues ¿qué culpa tengo yo de ser como soy? ¡Yo no lo elegí! ¡Y sobre mí cargan algunos despiadadamente sus errores ! Por su culpa mis manos están manchadas, mi vida mutilada, mi cuerpo deformado, mi alma abatida.
Y ahora te veo ante mí, Teseo, a ti, a tu espada y a tu deseo de dar muerte y sé que posiblemente lo consigas, lo veo en tu mirada, que transluce lo que tu mente piensa. Pero hay una cosa cierta en todo esto: no te lo voy a poner nada fácil. Mi deseo de vivir, de poder cambiar algún día la visión de la gente sobre mí, es fuerte, muy fuerte.
Probablemente no vea otro amanecer pero, al fin y al cabo, ¿no tengo yo el mismo derecho que tú a la vida? Por alguna razón el destino te ha hecho a ti fuerte, hermoso y audaz y a mi deforme, horrible y miserable. ¿Es esto motivo suficiente para acabar conmigo? Las diferencias solo existen en el exterior. En fin, no retrasemos más el momento, ¡luchemos por la belleza de la vida y por el eterno recuerdo de esta batalla!

Ártemis

domingo 4 de octubre de 2009

BIENVENIDOS


Ulises, el viajero incansable, ha decidido reanudar su viaje. Quién sabe: tal vez sentía nostalgia del mar y deseaba pisar de nuevo la arena virgen de las playas, respirar el ambiente canalla de los puertos, sortear las tormentas y las calmas; puede que aún le quedaran monstruos por derrotar o que Penélope no le haya esperado a su regreso o, simplemente, le aburría aguardar la vejez en su casa de Ítaca, condenado a engordar y a envejecer como un burgués satisfecho; quizá, en fin, añoraba las caricias de las ninfas, el abrazo letal de las hechiceras, la triste sonrisa de las princesas…
A lo largo de los próximos meses le ayudaremos a completar su equipaje con este cuaderno de bitácora en el que vais a dejar escrito -para siempre- lo mejor que encontréis en vosotros mismos. Todo lo que le deis, estad seguros de que el viejo marino os lo devolverá con creces. Y al final del viaje, si sabéis disfrutarlo, tampoco vosotros desearéis regresar a casa, sino que partiréis de nuevo, esta vez de verdad, habiéndoos vuelto sin daros cuenta como él: más sabios, más ricos, más nobles...
¡Buen viento y feliz travesía!