Referentes Clásicos

En este blog se publican los trabajos de los alumnos que cursan la asignatura Referentes clásicos de las manifestaciones culturales modernas en el IES Misteri d'Elx durante el curso 2011-12

lunes 26 de diciembre de 2011

El nacimiento de Baco



Es una obra realizada por Nicolas Poussin.

Se puede apreciar 5 grupos de personajes.

Arriba a la derecha, el cielo y el dios Zeus en una nube junto con una mujer, probablemente Sémele. El águila que está en el lecho fortalece la idea de que el personaje masculino es Zeus. Este conjunto puede representar el momento en el que Zeus y Sémele están a punto de acostarse.

En el centro del cuadro hay 2 ninfas, una que llama a otro grupo de ninfas y la otra que recoge al dios Dioniso siendo un bebé, fácilmente reconocible debido a la corona de hiedra. El personaje encargado de entregar a Dioniso es Hermes, el personaje que en el cuadro lleva ropajes anaranjados, casco alado y zapatillas aladas también. Además, Hermes está señalando al cielo para transmitir a las ninfas que el bebé es de origen divino, o también para indicar que es Zeus quien le ha encargado que Dioniso permaneza con ellas.

A la izquierda, un grupo de ninfas observan la entrega de Dioniso por parte de Hermes.

A la derecha se representan 2 personajes mitológicos: Eco y Narciso. Los dos aparentan estar sumidos en una gran tragedia.

Finalmente, encima de Hermes está, en penumbra, el dios Pan, que celebra la llegada de Dioniso tocando su flauta.

viernes 16 de diciembre de 2011

Penteo perseguido por las Ménades



Este es un cuadro que hizo Charles Gleyre.

En el cuadro, Gleyre representa 2 secciones diferenciadas por sus personajes, por los colores y por la luz que emplea. El conjunto entero hace referencia a Las bacantes, de Eurípides.

Por una parte, a la izquierda, están las Ménades, unas mujeres enloquecidas por la fiesta y la influencia de Dioniso. Corren hacia el personaje de la derecha con el objetivo de matarlo cruelmente porque han sido encantadas con el delirio báquico. Se caracterizan porque van con utensilios e instrumentos propios de la fiesta, como la pandereta, y, sobre todo, con armas, en este caso lanzas y cuchillos. Los colores de los ropajes de las Ménades son llamativos (azules, verdes, amarillos), pero pierden mucha nitidez debido a la oscuridad que las envuelve, posiblemente a causa del cielo nublado, o por lo que significa el color negro, una referencia de preludio de muerte del personaje que persiguen.

A la derecha está Penteo, que huye despavorido porque las Ménades lo quieren matar y despedazar, tal y como lo refleja el hecho de que esté con los brazos extendidos hacia delante, las piernas muy abiertas y el rostro girado hacia atrás . No obstante, según Las bacantes, fue él quien quiso ir adonde estaban ellas, pero Dioniso tramó un plan para vengarse. Dioniso le dijo a Penteo que subiera a un árbol para verlas mejor, y, una vez que ya estaba subido, Dioniso hechizó a las mujeres para que tumbaran el árbol y matasen a Penteo. Las ramas que hay a la izquierda de Penteo seguramente pertenecen al árbol que las Ménades acaban de tumbar. Penteo es el personaje más destacado del cuadro por el color de su túnica, de un morado intenso que tiende al rosa, y por la zona derecha de su pecho, iluminado por la luz del sol.

Entre ambas escenas hay 2 aves, una en dirección a las Ménades y otra en dirección a Penteo.

Dioniso y Ariadna, por el Tiziano



Esta imagen representa a el cortejo de Dioniso, ya que es el dios del vino, el éxtasis y la exuberancia. Restituido en su dignidad por la obra nietzcheana. Dios errante, generador de danzas frenéticas y la fiesta divina.
Se aprecia en la obra los atributos propios de Dioniso, como los tirsos, los animales salvajes están bajo protección de Dioniso y también se observa la jarra de vino. Todo es propia de este dios por lo que en él representa.  

Triunfo de Baco y Ariadna


Velazquez- "Los borrachos"



miércoles 14 de diciembre de 2011

El Baco. Caravaggio. Imagen 9.

El Baco de Caravaggio.
La imagen 9 muestra la jarra de cristal que aparece en la esquina inferior izquierda de la obra. Se observar al dios sosteniendo una copa de vino. Junto a él hay fruta, especialmente uva. Se puede observar, también, los mofletes rojos que tiene el dios.
A su vez, observamos un contraste en el fondo oscuro de la imagen con el color claro que tiene el dios, dando a entender que el autor pretendía que nos fijásemos en el personaje.

Baco y Ariadna. Alessandro Turchi. Imagen 5.




Baco y Ariadna de Alessandro Turchi.
 Turchi en esta obra quiere mostrar el momento en el que Dioniso está consolando a Ariadna después de que esta fuera abandonada por Teseo de regreso a Atenas.
Esta imagen muestra varios momentos del mito de Ariadna y Dioniso. Muestra cuando Dioniso la consuela, cuando la corona como diosa después de casarse con él, y cuando celebran su compromiso.
En esta imagen también aparece un cupido simbolizando el amor entre Dioniso y Ariadna.

Sémele in Erwartung des Zeus. Ferdinand Bol. Imagen 3.




Sémele in Erwartung des Zeus de Ferdinand Bol.
Esta imagen de Bol representa el momento en el que Zeus, representado como un águila que porta unos rayos, se acerca a Sémele dispuesto a tomarla.
Sémele está en el lecho esperando a Zeus, mientras un cupido parece que le despoja de la ropa, también el cupido representa que va a haber un encuentro amoroso entre Zeus y Sémele.
Si nos fijamos bien se puede observar una sombra de una persona a la derecha de la imagen.
En el suelo se ven los zapatos de Sémele y un arco, un carcaj y unas flechas.

Júpiter y Sémele. Gustave Moreau. Imagen 2.

Júpiter y Sémele de Gustave Moreau.
Esta imagen es un fragmento de una mayor. Muestra a Júpiter (Zeus) sentado en un trono simbolizando que es el rey tanto de dioses como de hombres. Estando sentado, Júpiter apoya un brazo sobre un arpa, que puede simbolizar la música que se representa en los ritos dionisiacos, mientras que en la mano del otro brazo porta una flor, que puede simbolizar la flor de la vid.
Sobre él se puede observar a una mujer que representa a Sémele muerta tras ver el poder de Júpiter.
Fuera de los personajes se puede ver que el trono tiene un estilo indio, que puede haber sido transmitido a través de los persas. 

Zeus y Hera. Annibale Carracci. Imagen 1.

Zeus y Hera de Annibale Carracci
Esta obra de Carracci muestra una escena de amor entre Zeus, que además de estar en persona está refozado con el águila que tiene a sus pies, y Hera que, igualmente que Zeus, tiene junto a ella el pavo real que es su símbolo.
Junto a ellos hay dos cupidos que dan a entender que se está representando una escena amorosa.
Otras versiones dicen que la mujer que aparece es Sémele y que el pavo real es Hera que ha ido a decirle que le pidiera a Zeus que le mostráse todo su poder, sabiendo Hera que esta no sobreviviría al ver tal poder.

miércoles 5 de octubre de 2011

Encerrado en mi laberinto

Estoy asombrado, qué pronto os habéis animado a escribir a pesar de que no hay nadie detrás obligándoos... o a lo mejor es por eso.Ya sabéis que no voy a tener mucho tiempo para escribir aquí durante estos meses de encierro en mi particular laberinto, pero intentaré ir dejando al menos un comentario a cada entrada que hagáis. Se me había olvidado deciros que conviene que pongáis siempre una imagen para ilustrar cada entrada. Como ejemplo, aquí tenéis una foto mía: fijaos cómo se me ha quedado la cabeza de tanto trabajar. Espero que sea solo por eso...

martes 4 de octubre de 2011

Teseo y el minotauro


Acusado de mil locuras,
andaba el minotauro a oscuras
por aquel laberinto infinito con total cordura.
se sabe que quien entra no sale.
Teseo dispuesto a matarle
su espada logró clavarle,
pues para salir del laberinto no existía otra vía
que la de quitarle la vida.
Egeo, padre de Teseo,
al no ver las velas blancas del barco
decidió arrojarse al charco
y así quitarse la vida
pues sin su hijo, como él pensaba,
no había otra vía.

domingo 2 de octubre de 2011

Una vida.

Nací por la tacañería de un rey,
que hizo enfadar a un dios.
Nací por la atracción de una reina
hacía la tacañería del rey.

Y existí sin conocer el mundo y
aprisionado entre muros.
Existí conociendo a mucha gente,
aunque se marchasen rápido.

Y sucumbí sin sufrimiento,
porque sabía que llegaba mi hora.
Sucumbí por un hombre que con su espada,
defendía el honor de su ciudad.

Ahora desde donde estoy
puedo hacer todo lo que no hice,
y estando orgulloso
de ser como soy.

Egeo sobreprotector


(…)

Y Teseo, antes de zarpar, dijo: ``Padre, voy a Creta para derrotar al Minotauro y así librar a Atenas de este oneroso tributo que se ve obligada a pagar cada nueve años´´

Egeo, atónito por lo que dijo su hijo, le respondió: ``Yo iré contigo, mi querido hijo, juntos mataremos al Minotauro.´´

Teseo sabía el gran peligro que la bestia del laberinto suponía para cualquier hombre, razón por la cual reaccionó rápidamente: ``Padre, no, escucha, si vuelvo con vida colocaré estas vel…´´

Egeo: ``No, no te permito ir solo, no voy a tolerar perder a mi hijo para siempre ahora que por fin estás aquí, a mi lado. Siervos, traed enormes sacos de comida y prominentes ánforas de todo tipo de agua y vino para que mi hijo Teseo esté muy bien nutrido para su arduo combate.´´

Después de ser realizada la voluntad de Egeo, tanto él como su hijo navegaron durante una semana para alcanzar Creta y ser el sacrificio engañoso del Minotauro. Sin embargo, Egeo obligaba a Teseo a tomar hasta siete comidas al día, devorando a cada comida ingentes cantidades de carne, fruta, vino y agua. Aunque Teseo intentaba convencer a su padre de que comer tanto sería contraproducente para matar al feroz Minotauro, Egeo, haciendo caso omiso al sensato consejo de su hijo, continuó alimentándolo de forma desmedida, pues según él, esto permitiría que si ``hijito” estuviera grande y fornido para cuando llegara el momento de atacar al Minotauro.

Una vez transcurrida una semana, ambos llegaron a Creta. No obstante, Teseo había perdido gran parte de su agilidad, se sentía pesado y su vientre se asemejaba a una semiesfera flácida, con una apariencia muy distinta a la que conservaba antes de iniciar el viaje.

Una vez en el palacio del rey Minos, Ariadna, su hija, se rió a carcajadas de los nuevos sacrificios atenienses, que a sus ojos no eran más que un viejo decrépito y una bola humana. A continuación, Ariadna les injurió con relampagueantes ofensas e insultos, aseverando que por este absurdo sacrificio Atenas sufrirá a lo largo de los siglos un ignominioso recuerdo en la historia de las polis griegas. Egeo, queriendo expulsar de Teseo toda la carga negativa que en unos momentos Ariadna les había arrojado, le respondió agresivamente que podía hundir con sus punzantes vientos verbales a él, pero que no permitiría que su hijo fuera denigrado de forma tan tajante. Ariadna, cansada de tener a ``esos´´ en los aposentos del rey, los mandó rápidamente al laberinto, pues estaba segura de que su hermano los despedazaría al instante.

Ambos entraron en la encrucijada de muros a los pocos minutos. Teseo caminaba con pasos torpes e imprecisos porque en la última comilona su padre quiso que comiera más que otras veces para prepararse mejor. Entre sombras, rincones, pasillos y entradas permanecieron durante horas, hasta que se encontraron con el Minotauro frente a frente en un patio amplio.

De repente, Egeo cogió la espada de su hijo para atacar al Minotauro. El padre no deseaba que su hijo fuera herido, incluso un hijo que se ``ha preparado´´ para el combate una semana. Egeo, a pesar de su vejez, esquivó la embestida, pero Teseo no tuvo la misma suerte debido a su lentitud. El Minotauro clavó sus cuernos en el vasto cuerpo de Teseo y la sangre brotó apresuradamente de los dos orificios que los cuernos habían ocasionado. Mientras Egeo se acercaba por la espalda para que la espada penetrara dentro del Minotauro, este tuvo tiempo de golpear con sus enormes brazos a Teseo, lo cual resultó ser fatal. Teseo cayó al suelo áspero del laberinto, ya sin ningún indicio de vida. No obstante, Egeo, terriblemente enojado por la reciente muerte de su hijo ante sus ojos, alzó la espada, y, durante unos instantes, notó que una energía vigorizadora crecía no solo dentro de él, sino también dentro de la espada, haciéndola a simple vista más brillante y afilada de lo que era antes. Estas nuevas fuerzas, surgidas de la nada, proporcionaron, en el momento en el que Egeo ahondó la espléndida espada de su hijo, una victoria instantánea.

El Minotauro murió, pero Teseo también. Egeo profirió sonidos terribles procedentes de los llantos que la tristeza le inundaba, lamentándose de todo lo que había hecho. Él mismo se dio cuenta del enorme error que cometió al intentar fortalecer a su hijo, pues ello nunca ocurrió en realidad.

La energía que Egeo sintió antes se manifestó en sus ojos, mostrándole cómo hubiera sido el transcurso del viaje si Teseo se hubiera marchado solo, lo que le produjo más tristeza todavía. Entonces, esa misma energía se materializó fuera, y le dijo lo siguiente: ``Por querer sobreproteger a tu hijo y no pensar ni una sola vez en las consecuencias, te condeno a residir en este laberinto eternamente. Tus lágrimas jamás dejarán de desbordarse de tus ojos.´´

Se dice que una vez el laberinto se inundó de lágrimas hasta que los muros exteriores del laberinto estallaron, y que por esa razón a ese mar se le denominó Mar Egeo.